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Andrés
Mata
Una semblanza a cargo de Iván Padilla Bravo
Cuando
el periodismo crece desde la honda huella de la palabra, éste
tiene asegurada la hermosa verdad que la define. La palabra, se
sabe, es la esencia de lo cierto, de lo comprobado, de lo que se
puede nombrar, de lo que se puede decir o conceptuar. Ella, altura
estética de lo real, es capaz de representar todas las cosas.
Por eso los poetas son los verdaderos dueños de la verdad,
son el campo fértil donde florecen todas las circunstancias.
En el caso del poeta Andrés Mata, fundador de uno de los
medios impresos más antiguos en Venezuela, El Universal
(1909), se puede corroborar lo dicho y entender en cuerpo y versos
que estamos ante una curiosa forma de saber converger al periodismo
con la grandiosidad de la palabra.
Andrés Mata es un carupanero nacido en el tercer tercio del
siglo XIX, de visionario accionar y por ello fundador del más
importante diario de la Venezuela actual. Como poeta, capaz de meterse
en todos los estratos sociales sin que los repetidores de sus versos
supiesen que el autor de los mismos era el propio intelectual.
En 1870 ve luz por primera vez el poeta Mata desde el vientre de
doña Cruz Mata en unión con don José Loreto
Arismendi, bajo la constelación de Escorpio y en el exacto
día 10 de noviembre. Apasionado, silencioso y calculador,
Andrés se prometía suspiros mejores para sus amadas
y un futuro comunicacional en el que prevaleciera la verdad hecha
palabra.
Poco a poco y al punto lo consiguió con la creación
de El Universal en 1909, pero es que Andrés
Mata se comprometió a serle fiel a todas sus búsquedas,
generalmente tamizadas de poesía, empresa creadora que inició
a muy temprana edad, gracias al privilegio de acceder a la lectura
manteniéndose permeable a los avances del Modernismo, revolución
que campeaba en la literatura hispanoamericana de entonces.
Como se sabe, el movimiento modernista se asocia en la América
Latina con el poeta Rubén Darío, pero tuvo entre sus
propulsores al peruano Manuel González Prada, al mexicano
Salvador Díaz Mirón y a los cubanos José Martí
y Julián del Casal. Cuando Andrés Mata rondaba el
tránsito entre la pubertad y la adolescencia ya este movimiento
que le cautivó había conseguido asentarse. América
leía Azul y Canto a la Argentina de Rubén
Darío y las letras hispanas se crecían con la incorporación
a este movimiento transformador de poetas como Antonio Machado,
Ramón del Valle Inclán y Juan Ramón Jiménez.
La creación poética del fundador de El Universal
demuestra así una definición hacia el mundo intimista
y subjetivo con una cierta atracción melancólica hacia
estadios paradisíacos matizados por el culto a la belleza,
a lo erótico y al rechazo del mundo real en privilegio de
lo soñado, características todas del movimiento literario
en el que se le define.
Para muestra obsérvese el siguiente poema publicado en 1896
como parte de Pentélicas, cuando sus frescos 26 años
de edad marcaban la fogosa definición de lo que podría
considerarse como su primera década de andanzas intelectuales
creativas.
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XXX
Desde las corrientes del Darisa
tus pies adulan y tu faz reflejan,
llora en las ramas del taray la brisa
y las palomas de mi aduar se alejan.
Rosa que el aire del collado aromas,
empapadas las hojas del rocío:
Por ti abandona el ruiseñor sus lomas,
por ti abandona el ruiseñor su río.
Como a los ciervos el pastor de Amera,
yo te habré de seguir a donde vayas;
si es que te alejas de tu azul ribera
y más te acercas a remotas playas.
Aunque el león hambriento me sorprenda
perdido en las arenas del desierto,
junto a la tuya plantaré mi tienda
y mi camello abrevará en tu huerto.
Llevo para que aumentes los hechizos
de tu cuello gentil, granates rojos;
almizcle de Hadramut para tus rizos,
y polvo para el cerco de tus ojos.
Envidia la esbeltez de tu figura
el pino airoso en el bosque espeso.
¡Quién pudiera abrazarse a tu cintura
y entre tus labios colocar un beso!
La nieve virgen de tu frente, humilla
la eterna limpidez del alabastro;
y ese negro lunar de tu mejilla
es en el cielo de tu cara un astro.
Peregrinos en Meca nos quisimos
y nuestro amor en Meca nos juramos.
Volvamos a beber donde bebimos,
y bebamos la piedra que besamos!
(Ver: Andrés MATA. Poesías completas.
Monte Ávila Editores Latinoamericana/El Universal.
1994).
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La
genealogía y la genialidad de Andrés Avelino
Andrés
Mata contó dos hermanos de sus propios padres, José
Loreto y Hermenilde Mata. La madre, doña Cruz, no era una
sirvienta, como se ha especulado. Testimonia Nati Mata De Las Casas,
sobrina del poeta, y Pedro García Lopenza, cronista de Carúpano,
que la señora Cruz "era una mujer muy inteligente"
que leía mucho y servía de profesora a todos. Pero,
después que tuvo a los tres hijos que llevan su apellido
"no quiso saber más de José Loreto Arismendi,
ni quería que sus hijos lo vieran", sostiene la sobrina
de Andrés Avelino.
Cuenta García Lopenza que Andrés Mata debió
salir a trabajar desde muy niño ya que era de familia muy
pobre. Vendía dulces y arepas por encargo y de las entregas
que le obligaban a pasar frente al Colegio San Antonio, dirigido
entonces por Martínez Vallenilla, sacaba el jugoso aprendizaje
de las lecciones que "hurtaba" desde las ventanas. Su
escolarización conocida apenas alcanza a una referencia de
dos maestros de quienes recibió clases: María Cordero
y Jesús Martínez Mata. El escritor y crítico,
Basilio Tejedor incluye a Mata entre los autodidactas que destacaron
por su vocación literaria, junto con Pedro Emilio Coll y
Rufino Blanco Fombona.
La actividad periodística de Andrés Mata fue tan precoz
como la poética. Desde julio de 1882, con apenas 12 años
de edad, ingresaba a La Avispa, un semanario carupanero que
publicó Lux et lumbra y Madrigal. El regreso
sería 2 años después con El Decálogo,
lectura en verso, opúsculo moral y religioso destinado al
estudio de los niños, calificado por el desaparecido
poeta, académico de la Lengua y colaborador de El Universal,
Luis Beltrán Guerrero, como dotado de "precoz dominio
de la rima y del ritmo, el ardor de la fe cristiana y el don del
magisterio en una ética de la conducta".
El primer intento de Mata por sentir realizado su ímpetu
por crear un periódico tuvo lugar en la misma ciudad de Carúpano
donde funda, en 1885 El Día, acompañado en
la aventura juvenil por Bartolomé Tavera Acosta, unos cinco
años mayor que él.
El salto al periodismo central, en la capital, ocurre en 1886, el
23 de septiembre, cuando a sus 16 años de edad se publica
en La Opinión el poema titulado J.A. Pérez
Bonalde, de quien rima: "El Genio lo arrulló con
sus rumores, / y de la gloria en el fecundo cielo / es Sol que multiplica
sus fulgores". El poeta de Vuelta a la Patria le habría
respondido con hondo agradecimiento al enterarse, manifestándole
"mi pláceme por contar la patria con un ingenio más
y la seguridad de que tiene Ud. en mí un amigo y admirador
que se honrará con su amistad y con sus órdenes".
Política
y periodismo
Dos facetas comenzaron a juntarse con mayor claridad en el poeta
y periodista Andrés Mata. La llegada de éste a Caracas
significa un compromiso político de reacción contra
el tirano Guzmán Blanco, la cual estuvo encabezada por Juan
Pablo Rojas Paúl, Presidente de la República para
entonces.
A la salida en exilio de Rojas Paúl, Mata le acompaña
en su llegada a Curazao y luego a República Dominicana. De
su opción, el poeta Mata se expresó en términos
de aceptación ya que aparentemente no había para escoger
sino entre "la mazmorra del otro lado de El Avila o la tierra
del exilio, allí enfrente, no muy lejos, oculta a nuestra
vista por las primeras brumazones de octubre".
En República Dominicana Andrés Mata asumió
la jefatura de Redacción de El Listín Diario,
siendo el primer editorialista de ese periódico. A su regreso
por Venezuela, en 1895 se incorpora al plantel de El Cojo Ilustrado
y empieza a entregar sus colaboraciones para la revista Cosmópolis,
integrándose "al riquísimo mundo intelectual
que surgió en la Venezuela de finales de Siglo", según
señala la periodista Luli Delgado en la investigación
realizada para elaborar el perfil biográfico del poeta.
Dos
menciones con fuerza
El
poeta Mata accede a ocupar un sillón de la Academia Nacional
de la Historia. Es nombrado Individuo de Número de esa Academia
en 1904. Cuatro años después, en 1908, se le otorgaría
el mismo rango en la Academia Venezolana Correspondiente a la Real
Española.
Doblemente académico, el poeta Andrés Mata confirma
ser la encarnación de la perseverancia y del valor intelectual
definido por el quehacer permanente en la búsqueda y en el
hallazgo. Quizás por eso se adentra en la fuerza de crear
una empresa con nombre de futuro y el 1° de abril de 1909 funda
el diario El Universal, acompañado en la tarea
por su tocayo y amigo Andrés Vigas. Fundador y director de
un medio que continúa siendo importante emblema del periodismo
en la actualidad, Andrés Mata comparte una vez más
los desafíos comunicacionales con el oficio de ser poeta.
Dedicado a sus funciones como académico, como editor y poeta,
Andrés Mata participa de la política como parlamentario
y desempeña tareas diplomáticas como Cónsul
en Génova, Italia; en Málaga y en El Vaticano. También
como Consejero de la legación venezolana establecida en Roma.
Su muerte se produce en la Ciudad Luz, París, aquejado de
ausencias y satisfecho de sueños conseguidos, el 18 de noviembre
del año de 1931, con sus apenas tempranos 61 años
de edad.
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